Alta montaña

Dique Potrerillos, muy temprano a la mañana.

A las 7:30 me pasaban a buscar para hacer la famosa excursión de Alta montaña. Ni yo me creía capaz de abrir los ojos a esa hora. Apenas era el segundo día de vacaciones y ya estaba separando la semana en excursiones, no en días. Otro extraño efecto que experimentaba por primera vez.

Comenzamos el recorrido en la Ruta 40, musicalizado y con stand up (la guía era un personaje comiquísimo) de todo lo que contó de la ruta 40, me quedo con la expresión: “es la columna vertebral de Argentina por que la atraviesa de Norte a Sur ”. Enseguida salimos de la 40, enganchamos con la 7 que, cómo no podía ser menos importante, atraviesa Argentina de Este a Oeste, desde Capital Federal hasta Santiago de Chile. De todos modos lo que yo no olvidaré jamas es que donde se cruza la 7 con la 40 esta la Bodega Norton. Excelente punto de referencia.

Mientras nos íbamos metiendo en la pre-cordillera, debo confesar que tuve que armarme de coraje y contener las lagrimas. Estaba apunto de atravesar la cordillera de los Andes: no podía llorar todo el día. Antes de llegar a Potrerillos ya tenia controlado el llanto Andino. Pero claro, la cordillera no me la iba a hacer sencilla. En uno de los miradores del Dique de Potrerillos me bajé de la combi extasiada con el paisaje. Era muy temprano, el día prometía ser perfecto, el cielo estaba cubierto de nubes agujereadas que dejaban pasar sólo algunos rayos de sol. La combinación de Pre-cordillera, agua, luz y nubes era perfecta. En ese momento dudé que pudiera existir paisaje mas cautivador.

Mientras seguíamos viaje me perdí en el paisaje como si fuera un documental de geografía Argentina, con la voz en off de la guía dándonos miles de datos geográficos e históricos. De repente, sentí remordimiento por haber despreciado geografía de 4to año. Aunque convengamos que no es lo mismo leer en un libro que la cordillera fue fondo marino, a poder ver en vivo y en directo las marcas que dejó el retroceso del agua cuando los Andes emergieron a causa del choque de placas.

Al costado de la ruta comenzamos a ver las vías del antiguo ferrocarril que nos acompañaban, haciendo ochos con la ruta 7. Igual que el rio Mendoza. También se ve la linea del antiguo telégrafo y estaciones abandonadas. Esas postales del tiempo me hicieron sentir tristeza. Teníamos un tren que atravesaba la cordillera y ya no está mas.

Una vez atravesado el Valle de Uspallata, nos metimos en la cordillera frontal. Los Andes me desafiaba constantemente, se mostraban cada vez mas hermosos e imponente. Pero ya los había aceptado, ya comprendía su presencia, su existencia y entré en un estado de contemplación constante donde las lagrimas eran innecesaria.

Fue en Penitentes, rodeada de cordillera que por primera vez en mi vida me sentí verdaderamente chiquita. Teniendo en cuenta que la Cordillera atraviesa siete países siendo el cordón montañoso mas largo del mundo, que el Aconcagua es el pico mas alto de América y un montón de récords que hablan de su inmensidad; estar en la cima de Penitentes me hizo entender lo diminuta que era y a su vez, desde esa perspectiva, perdí toda capacidad de dimensionamiento de las cosas.

Subiendo con las aerosillas, se llega a la cima, en el centro de sky de Penitentes.
Subiendo con las aerosillas, se llega a la cima, en el centro de sky de Penitentes.

A lo largo del camino la geografía iba cambiando de a poco. No podía dejar de sacar fotos: cada pico, cada piedra, cada grieta me parecían únicas y dignas de fotografiar (fue un caos ordenar las fotos… ). Cuando llegamos a Puente del Inca, una vez más, quedé muda ante esa formación imposible producto de la erosión del río, el azufre y la roca. ¿Cómo podía ser que la naturaleza fuera tan mágica y el ser humano tan ingenioso?

Puente del Inca
Puente del Inca

El paseo por alta montaña se estaba haciendo eterno, cuando al fin anuncian que nos estábamos acercando a un mirador del Aconcagua (no el que está en el circuito de la laguna Horcones al que yo quería ir, no). Me sabio a poco la visita al mirador, quería ver mucho mas Aconcagua pero los tiempos de las excursiones como los de la tele (¿…?) son tiranos. Foto foto foto, todos arriba de la combi otra vez.

Aconcagua... y una nube
Aconcagua… y una nube

Desde aquel mirador seguimos derecho sin escalas hasta Las Cuevas, localidad que cuenta con una población permanente de 20 personas. El lugar es ideal para todo tipo de actividades como el senderismo, cabalgatas, mountain bike, trekking de altura, escalada en hielo, caminata con raquetas de nieve y sky de fondo; todo esto gracias a las bajas temperaturas que pueden llegar a -30°. El objetivo era subir el cerro Santa Elena para llegar al Cristo Redentor, tomar chocolate caliente y poder tener un pie en Chile y un pie en Argentina (super original ¿no?).

Desde la cima, junto al Cristo Redentor, nos congelamos. Me parecía completamente surrealista los cambios de temperatura. La vista desde 3.854 metros sobre el nivel del mar justificó cada curva del ascenso. Si en Penitentes me sentí chiquita, sobre el Santa Elena fui mínima. En esta ocasión nos corrió el frio – no la guía – muchos de mis compañeros de aventura ya estaban en la combi mucho antes de que a mi me venciera el frío.

El Cristo es el punto final de la excursión, tuvimos la suerte de subir: si el clima se pone ciclotímico (Nieve en verano, por ejemplo), por cuestiones de seguridad el ascenso esta prohibido. De regreso, el clima fue empeorando abruptamente mostrandonos su mal caracter: nubes negras sobre todos los cerros nos perseguían y nos agarro la lluvia que sobre los picos mas altos era granizo. Fue increíble.

 

Leave a Reply