Bienvenida al mundo de las excursiones

Primer viaje sola en el que decidí ser la turista perfecta. Desde Buenos Aires -agencia mediante- había comprado los pasajes de avión, todos los transfers y el micro de ida y vuelta de Mendoza a San Rafael. Lo único que no había comprado de antemano fueron excursiones. Hoy quizá no elegiría esta opción, pero en aquel momento me pareció necesario y, sinceramente, no estar pendiente de los traslados fue glorioso.

La primer excursión que contraté fue Bodegas ½ día. Ese era el nombre. Y así fue como me inicié en el mundo de los bouchers y los guías.

Si bien hay un bus que te deja cerca de algunas de las zonas de bodegas, a pie, sería un poco difícil hacer un recorrido. Conociéndome: me imaginaba perdida en algún viñedo tratando de encontrar la salida (o la entrada). Hay recorridos de bodegas para hacer en bici. Pero es aun mejor si uno anda en auto (las bodegas están a unos 20 km del centro. Eso si: moderación en la degustación). Hay bodegas que no necesitan reserva para la visita, otras si; algunas bodegas son gratis o cobran sólo si uno desea degustar, otras no. Por eso es muy útil pasar por la oficina de información turística y averiguar estas cosas. Fue también en este viaje que descubrí que me encantan los folletos turísticos, y no exagero: hoy los colecciono.

En fin, la cuestión era probar vinos y la excursión me facilitaba esa cuestión. En esa ocasión la excursión Bodegas ½ día constaba de lo siguiente:

  • Me pasaban a buscar por el hotel (baucher en mano)
  • Recorrido y degustación en La bodega Baudron (en Maipu)
  • Recorrido y degustación en La bodega familiar Cavas de Don Arturo (en Lujan de Cuyo)
  • Recorrido y degustación en La Aceitera Laur (en Cruz de Piedra)
  • Sólo de pasada y desde la combi observar el Dique Cipolletti
  • Visita a la Iglesia de la Virgen de la Carrodilla, Patrona de los Viñedos.

Este viaje a Mendoza estaba destinado a ser del estilo: “primera vez que…” . Fue la primera vez – posveinte – que me iba de excursión. Así fue que observé (y participé) por primera vez del ritual de las excursiones, que comienza con el pedido del bouchers, a continuación se pasa a buscar a todos los turistas por sus respectivos hoteles/hospedajes, luego el guía pregunta de donde somos y comienza la seguidilla de datos curiosos y las historias, en muchas casos incomprobables, pero divertidas.

Aprendí muchas cosas, entre ellas los pro y los contras de salir de excursión. Lo que me generó una especie de contradicción constante con respecto a este tipo de salidas.

Aprendí sobre la provincia, cual clase de geografía e historia, y concluí que -de alguna manera- los monólogos de los guías nos ahorran mucha lectura o, mejor dicho, nos dan los datos claves para poder hacer una investigación mas precisa. Así pude aprender sobre el proceso de fermentación de este jugo de uva maravilloso. Incluso en la Bodega Baudron tuvimos la suerte de ver como un camión descargaba las uvas en el lagar, para comenzar con el proceso de transformación de uva a vino, me sentía como en una clase de alquimia.

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A pesar de que realmente le saqué jugo (cuak!), no pude dejar de sentir esa contradicción constantemente de lo critico/lo justifico. Por ejemplo: íbamos a mil, si quería detenerme a sacar fotos se complicaba. No podía quedarme colgada mirando que racimo de uvas quedaba mejor encuadrado entre las hojas, las rosa y el cielo, simplemente no te da el tiempo. Pero claro, ahí estaba yo, la turista inexperta con total desconocimiento del ritmo de las excursiones y que aun no dominaba a la perfección su cámara.

Lo que mas me gustó de las excursiones en bodegas, descartando lo obvio: la degustación, fue visitar las cavas. Lugar mágico donde el vino reposa en barricas o en botellas esperando el momento exacto en el que estará listo para ser llevado a la mesa. Hoy cuando visito una bodega, no me interesa tanto los piletones o tanques de fermentación. No. Yo quiero conocer ese lugar misterioso donde el vino se completa.

Como es de esperar, cada bodega es un Deja Vú de la anterior. No importa cuantas bodegas visite, la rutina es siempre la misma. Por otra parte en estas excursiones se visitan distintos tipos de bodegas: industrializadas, familiares o boutique. Lo que permite apreciar las sutiles diferencias entre unas y otras.

Lo único que encontré completamente distinto entre todas las bodegas fueron las cavas y me di cuenta que no me importaba escuchar toda la explicación mil veces, con tal de visitar la cava esperaba pacientemente y escuchaba atentamente la misma explicación una y otra vez.

Sala de degustación de la bodega Carmine Granata. Resultó ser uno de los piletones donde, durante mucho tiempo, se realizó el proceso de fermentación.
Bodega y Cavas Weinert, la bodega se encuentra 7 m. bajo tierra. El lugar completamente oscuro para dejar dormir al vino.

Si bien podría decir que adquirí cierta experiencia a lo que turismo organizado se refiere, aun era una inexperta. Tampoco creo que algún día deje de serlo, lo que considero una ventaja: mi capacidad de asombro seguirá intacta. No nos olvidemos de los guías, son fundamentales. Por suerte todos los que me han tocado ya sea de la agencia que nos acompaña en la combi o en cada bodega y olivicola fueron excepcionales, amables y divertidos.

¿Yo como estaba? Increíble: agotada y feliz, me seguía atacando la inundación ocular cada vez que me cruzaba a la cordillera. En cuanto a la auto-convivencia, pensé que me iba a sentir extraña estando sola. Pero hasta el momento, las cosas iban bien.

Días después hice una excursión de día completo en bodegas. Este fue el cronograma:

Bodega Boutque Di Tommasos, patrimonio cultural por ser una de las bodegas mas antiguas de Mendoza.

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