Esto no es un balance: Mendoza, primer viaje sola.

Los 14 días fueron increíbles, con sus altos y bajos. Estaba asustada por viajar sola, estar sola, sentirme sola. Me preocupaba no saber que hacer y aburrirme.
Pero ocurrió lo opuesto. No sólo conocí un poquito de una de las provincia mas hermosa de Argentina, ademas pude bajar las revoluciones y encontrarme conmigo. El viaje no fue meramente turístico -en un principio ese era el objetivo- sino que termino siendo un viaje en el que tuve la oportunidad de pensar sobre el rumbo de mi vida.

Inocentemente creí que tomar la decisión de viajar sola tenia que ver, pura y exclusivamente, con no haber coincidido con nadie para hacer el viaje. Pero la realidad es que no se lo consulte a nadie: saqué los pasajes y punto. Estaba necesitando alejarme de todo y estar sola. No había que darle mas vueltas.

En esos días no sólo recorrí paisajes de cuento y probé vinos de exportación. No. Ademas conocí a otros viajeros -argentinos y extranjeros- y aprendí de ellos: de sus maneras de viajar, de su modo de ver la vida y de relacionarse con el resto. Más que nunca entendí que no hay una sola manera de vivir y que ninguno es mejor o peor, es simplemente distinto.

Por la ventana del micro, volviendo de San Rafael a Mendoza.
Por la ventana del micro, volviendo de San Rafael a Mendoza.

En este viaje decidí, siempre que estuviera en mis posibilidades, viajar. Ademas me propuse tratar de recorrer todo lo que pudiera de mi país antes de cruzar migraciones.

La provincia de Mendoza me enamoró completamente y sé que será un lugar al que no podré resistirme si surge la posibilidad de volver.

 

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