Siempre que llovió… paró

Una de las postales del Valle de la Luna, el submarino.

Mi recuerdo de la provincia de San juan probablemente sea completamente distinto al de la mayoría de las personas que hayan visitado esa provincia.

San Juan es un desierto en el cual esperaba sentir calor y odiar el sol. Pero para nosotros fue todo lo contrario. Hizo frío, no paró de llover, al sol casi ni lo vimos y nos encontramos con una cantidad de vegetación atípica para la zona.

Cuando llegamos a San Agustín del Valle fértil, nos hicimos de un grupo de compañeros de viaje excepcional que sin duda marcaron la diferencia entre odiar el viaje y pasarla -a pesar del clima- muy bien.

Para semana santa el hostel ofrecían un paquete que incluía las noches de hospedaje y las excursiones a el Valle de la Luna y Talampaya.

Hicimos la tradicional Excursión al Valle de la Luna, pero la equivalente nocturna con luna llena y la promesa de ver la luna en la tierra, fue frustrada por las nubes. Esas nubes descargaron su furia durante la noche, impidiéndonos visitar Talampaya a la mañana siguiente: había llovido tanto que estaba todo empantanado y en esas condiciones el parque no abre para evitar que los turistas se transformen en fósiles (unos poetas los de la agencia).

Gingi, camino a Cancha de Bochas, una de las paradas del recorrido en el Valle de la luna
Gingi, camino a Cancha de Bochas, una de las paradas del recorrido en el Valle de la luna

Pero al mediodía conseguimos ir al Chiflon otro parque que se encuentra unos kilómetros mas allá de Talampaya. Teniendo en cuanta que teníamos los días contados, que tuvimos que pelear el reembolso del dinero de la excursión del valle de la luna de noche y que nos remplazaron Talampaya con el Chiflon; el hecho de que nos siguiéramos riendo y que ninguno se haya amargado era todo un logro.

 

En el Parque del Chifon, tuvimos con saber que Talampaya era igual, pero gigantesco. Y la nube negra, amenazadora...
En el Parque del Chifon, tuvimos con conformarnos con saber que Talampaya era igual, pero gigantesco. Y la nube negra, amenazadora…

Uno podría pensar que el viaje fue un fracaso, pero por el contrario creo que fue un éxito. A pesar de los inconvenientes que nos impidieron visitar las atracciones de rigor, entre todos, conseguimos hacer que fuera un viaje de lo mas divertidos. Tuvimos suerte de cruzarnos con Ceci, Leo, Lea, Clau y Ale. Las risas y las charlas hasta cualquier hora no faltaron nunca, parecía que no necesitábamos nada mas y que las atracciones turísticas eran solamente un decorado que nos rodeaba (un decorado bellisimo).

El cartel que nos informaba la molesta noticia...
El cartel que nos informaba la molesta noticia…

“Son cosas que pasan”, debe ser una de las expresiones mas usadas en situaciones como estas. El gran problema de tener todo organizado de antemano, día por día, es que solo hace falta que falle el clima para arruinar el cronograma. Por suerte a fuerza de risas, cerveza Andes y muy buena onda pudimos sobrellevarlo y nadie salió herido en el intento.

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