Dia 4 – Cuevas de Wayra. La Aventura

La convivencia en los viajes con amigos es fundamental. Con los chicos nos estábamos llevando muy bien: no teníamos problemas con los tiempos en el baño, ninguno era desordenado en exceso (en realidad los tres eramos desordenados en la misma medida lo que disimulaba bastante el caos de cada uno), ninguno tenia olor a pata y con los gastos lo teníamos a Guille y su super planilla que hacía las cuentas por nosotros. Lo único que me tenia a mal trae era que los dos roncaban mucho, poco compatible con mi dificultad de dormirme rápido. Esa mañana mientras desayunábamos, Diego me miro con cara de pena y me dijo:– “No estas durmiendo nada… ¿no?” -, me limite a suspirar confirmando su afirmación…

Esa mañana decidimos desayunar tranquilos y no hacer nada en especial. Nos quedamos sentados en la entrada de la cabaña tomando mate y hablando de nada en particular y de todo en general; cosas importantísimas que a nadie le interesan…

Al mediodía, nos fuimos a la secretaria de turismo a averiguar como era lo de las cuevas, previamente habíamos hablado con uno de los chicos del hostel, y nos comento que podíamos hacer las cuevas por nuestra cuenta, pero que lleváramos linternas y velas.
Como no nos quedaba muy claro como llegar, como encontrar las cuevas etc… decidimos hacerlo con guía. Arreglamos con uno de los chicos de la secretaria de turismo para salir a a las 15 hs.

A los 20 min de haber empezado la caminata, al mirar hacia atrás nos encontrábamos con otra vista de Tilcara.
A los 20 min de haber empezado la caminata, al mirar
hacia atrás nos encontrábamos con otra vista de Tilcara.

Arrancando la caminata el guía nos contó sobre el carnaval que se aproximaba, pero después de un rato todos dejamos de hablar, nos limitábamos a respirar y pisar firme. El camino al principio no es dificultoso pero siempre va en subida y teniendo en cuenta que la altura media de Tilcara es, aproximadamente, de unos 2500 metros sobre el nivel del mar cada paso me dejaba con menos aire.

A medida que avanzábamos con los chicos nos dimos cuenta que hubiera sido una locura intentar hacerlo por nuestra cuenta, a lo mejor quienes conoces el lugar o hayan hecho la caminata varias veces, ven el paseo como una cosa sencilla, pero para nosotros no lo era. No era un sendero señalizado.

Después de andar durante una hora, el camino se me hizo imposible, era como un gran cañón lleno de piedras altísimas que me obligaban a hacer mucha fuerza con las piernas. Las piedras eran super altas y yo una enana. Diego me tenia que dar una mano para ayudarme a subir.

Llegado cierto punto, esto hizo que nos fuéramos retrasando, ademas de que íbamos recuperando el aire, agua y descansando de a ratitos. Cuando alcanzamos al guía y a Guille, nos encontramos con una escena complicadisima: Guille estaba petrificado, aferrándose a la pared, parado sobre una cornisa casi inexistente, en ese momento nos confiesa: “tengo vértigo”. Con Diego nos miramos, “¿y ahora? ¿Cómo seguimos?”. Después de un rato conseguimos que Guille pudiera pasar del otro lado y seguimos la caminata.

Gran parte del recorrido es camino de cornisa, lo que tenia a Guille al borde del panick attack, con Diego estábamos bastante molestos con la oficina de turismo, no podíamos creer que nos hayan dicho que era un trecking sencillo y que no avisaran sobre las cornisas. Si bien preguntaron por si alguno era claustrofobico, después del episodio de Guille seguramente preguntaran por el vértigo también.

Cuando no estábamos en una cornisa, estábamos en un cañón rodeados de piedras inmensas. El guía nos hace detener y nos dicen: “ven el ultimo cactus, allá doblamos a la izquierda.. ahí están las cuevas.” No dejaba de sorprenderme la capacidad de reconocer lugares con puntos de referencias como “el ultimo cactus” … ¡¿como sabe que es el ultimo cactus?!. Ademas, ¡yo no veía ningún cactus!

Para llegar a las cuevas había que hacerlo por unas cornisas espantosas, Guille nos dijo: “sigan yo me quedo acá…”, no le insistimos demasiado, por que sabíamos que ya estaba bancandose muchas cosas.

En la entrada de la cueva, a contra luz ...

Eran dos cuevas, una con salida del otro lado y la otra sin salida.
En esta excursión descubrí que no tengo vértigo ni claustrofobia. Sin duda fue una excelente oportunidad para experimentar la sensación de estar dentro de una cueva sin salida y la oscuridad absoluta. Como me pasó con el silencio la primera noche en Tilcara, fue también en este pueblo que descubrí la oscuridad profunda que es tan dolorosa como el silencio, los ojos pican intentando ver, intentan adaptarse a la oscuridad y no lo logran. Salir de la cueva y volver a encontrarse con la luz es igualmente shokeante.

cueva de Wayra con salida del otro lado del cerro...

Salimos a encontrarnos con Guille, que lo único que quería era bajar. Y reconozco que yo también. Sentía que las piernas me iban a abandonar en cualquier momento, pero no era una opción.

Una vez en Tilcara, era penoso nuestra andar intentando llegar al hostel. Confiados en que conocíamos el camino nos equivocamos de calle y desembocamos en el cementerio. que oportuna la ironía!

SaltaJujuy2009_47_maNo pudimos evitarlo y nos metimos a sacar unas fotos …  Nos sorprendió mucho lo colorido del cementerio: Todas, absolutamente todas, las cruces y ángeles tenían coronas de flores muy coloridas. Con el pasar de los días y kilómetros de ruta norteña, descubriríamos en el camino cementerios igualmente coloridos.