Dia 7 – Tren de las nubes y Cachi

Muy temprano nos levantamos en Salta. Nos íbamos a hacer el recorrido del tren de las nubes y después a Cachi a pasar la noche.

Ya después de 6 días por esas tierras, pudimos observar algunas cosas que nos llamaron la atención, cosas tan triviales que podríamos haber pasado por alto. Por ejemplo: mucha gente anda con paraguas y no es por que llueva, obviamente es para resguardarse del sol. El calor se soporta, pero el sol quema mucho. 

Pedimos algunas indicaciones sobre la ruta que acompaña al tren de las nubes, a Guille le preocupó que gran parte del camino fuera ripio, no todos el ripio es agradable, ademas teníamos una pequeña paranoia con el auto alquilado: “¡que no se marque!¡que no salten piedritas!”.

Salimos de salta y nos dirigimos a San Antonio de los Cobres. El camino tuvo todo: asfalto, verde, ripio, montaña y las vias del tren de las nubes zigzagueando con la ruta.

Uno de los tantos puentes por los que pasa el tren.
Uno de los tantos puentes por los que pasa el tren.

El camino es muy sinuoso y en pendiente, parece que todos los caminos comparten esta característica. En algunos tramos de los trayectos que habíamos recorrido nos pareció excesiva la cantidad de curvas, de subidas y de bajadas. Quizá quien trazó la ruta había deseado hacer una montaña rusa.

Cactus y cactus
Cactus y cactus
El camino se abre paso entre los cerros de colores.
El camino se abre paso entre los cerros de colores.

Al principio el paisaje es muy verde, casi selva. Después aparecen los cactus y las montanas coloridas, pero el verde nos acompañan casi siempre, lo que no es tan descabellado: ademas de las vias, el rio Toro nos acompaño gran parte del camino.

Puente, verde y rio
Puente, verde y rio

Curva va, curva viene, pasamos por un puesto de control de gendarmeria. Solo le falto pedirnos que nos bajáramos y desnudáramos. Nos sorprendió lo exhaustivo del control. Nos pidió todos los papeles incluido el de alquiler del auto. Desde que habíamos llegado, habíamos pasado varios controles, pero ninguno tan completo.

Cerca de Tastil el paisaje cambia radicalmente. Piedras y cactus y ruta, el verde desaparece. Las montañas parecían montículos de piedras puestos intencionalmente de esa manera. Según Guille era un cementerio de piedras, según Diego los adoquines que habían estado sacando de las calles de Buenos Aires.

No hicimos muchas paradas. El camino serpenteaba mucho y estaba subiendo demasiado, cuando nos fijamos estábamos en los 3700m de altura. Así como si nada, claro, el que hace el esfuerzo es el auto.

Delirio por las antenas
Delirio por las antenas

El camino se estaba haciendo largo, pero sabíamos que estábamos cerca de San Antonio de los Cobres. Apareció el ripio otra vez y fue el mas feo hasta el momento.

Cuando llegamos a San Antonio de los Cobres me invadió una sensación de abandono muy extraña. Habíamos llegado cerca del mediodía, hacía mucho calor y no había una sola construcción que generara sombra. No había arboles, no había agua a la vista, todo lo que veía era seco y caliente. Por ende no había nadie en las calles, parecía un pueblo fantasma.

Decidimos almorzar cuando volvieramos y nos fuimos en busca del viaducto del tren de las nubes. El ripio se tornó, en algunos tramos, casi intransitable. El GPS estaba enloqueciendo. En ese momento deseamos que el corsa se transformara en 4×4.

Superamos la altura máxima del viaje. Llegamos a los 4200m de altura sobre el nivel del mar y yo sentía que mi cráneo iba a estallar, cada paso que daba me agitaba como si estuviera caminando cuesta arriba.
Maggy GPS, nos marcaba un camino imposible, aunque todas las opciones desde nuestra perspectiva pareciean impobles, decidimos hacerle caso para luego descubrir que por el que íbamos originalmente nosotros estaba mejor.

El cartel lo explica todo.
El cartel lo explica todo.

Llegamos al viaducto La Polvarilla, mas conocido como viaducto del tren de las nubes. Es un monstruo de acero que tiene 63m de altura y por estar a 4200m sobre el nivel del mar es uno de los puntes ferroviarios mas alto del mundo. Nunca van a dejar de sorprenderme las fechas en las que algunas cosas fueron construidas, mi capacidad de asombro es bastante sensible a casi cualquier cosa, pero pensar que esta obra monumental de ingeniería fue construida entre 1930 y 1932 no hace mas que despertar mi admiración por aquellos hombres y mujeres que crearon cosas como estas para poder superar obstáculos, en este caso la quebrada de uno de los afluentes del rio San Antonio de los Cobres.

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Obviamente, al costado de uno de los pilotes que sostienen en punte hay un sendero con baranda -algo improvisada para mi gusto- que nos permitiría subir los 63 m de altura del puente. Sinceramente creí que me iba a quedar ahí, que iban a tener que llamar un helicóptero y bajarme. Si cada paso en terreno llano me liquidaba, imaginen en subida. “Un pulmotor para la señorita, por favor”.

SaltaJujuy2009_62_maSacamos las fotos de rigor y pegamos la vuelta. Ademas vimos como una nube negra estaba tomando forma, no queríamos que nos agarre la lluvia en ese ripio feo.

Una vez de vuelta en San Antonio de los Cobres, compramos los sándwiches de lomo completo mas baratos de la historia que los envolvieron en un papel que, de no haberse manchado de comida, lo hubiera usado para hacer origami.

Con la panza llena seguimos camino. Teníamos que llegar a Cachi. El camino de vuelta sería el mismo, pero en lugar de ir a Salta pasamos por Cerrillos para tomar la ruta 68 y luego la 33 que nos dejaría en Cachi.

La ruta 33 debe ser una de las mas lindas que hemos hecho hasta ese momento, obviamente, junto a la Quebrada de Humahuaca. Es totalmente verde, cornisa bordeando montañas llenas de arboles y cactus… cactus gordos, y curvas, curvas y mas curvas, siempre en subida. Después de un rato nos vemos rodeados de montañas rojas forradas de verde aterciopelado, el contaste era perfecto.

SaltaJujuy2009_64_ma

Se empezó a hacer tarde, cuando baja el sol, bajan las nubes… y nosotros dando vueltas en la ruta, supusimos que estábamos en la famosa cuesta del obispo que conecta el valle de Lerma(donde se encuentra la ciudad de Salta) con el alto valle Calchaquí.

Atravesando nubes
Atravesando nubes

El camino a Cachi se nos hizo mas largo de lo que esperamos. Y de pronto estamos a la altura de las nubes, o mejor dicho, las nubes habían bajado tanto que las atravesábamos. Una vez arriba, Guille respiró. Entramos en el asfalto sin cornisa ni curvas, por el contrario: atravesamos el parque nacional los Cardones por la Recta del Tin Tin. Una ruta perfectamente recta que data del período incaico -del mil-cuatrocientos-algo- y que fue trazada con la exactitud que hoy nos brinda la tecnológica moderna.

No se ve nada.
No se ve nada.

La ruta parecía proyectarse al infinito. Luego nos enteramos que son, ni mas ni menos que 19 km de camino recto… sin una sola curva o intersección. Después de la cuesta del obispo y el camino al tren de las nubes que están diseños a pura curva, Guille sugirió -cargado de ironía- que encontrarse con la Recta del Tin Tin después de la cuesta del obispo era una broma macabra de quien las había diseño.

Empezamos a creer que jamas llegaríamos a destino, que habíamos entrado en un camino sin fin. De fondo veíamos unas nubes oscuras de donde salían relámpagos y algún que otro rayo. Maggy decía que estamos a ocho km de Cachi. Nos sentiamos en una película de terror…. en cualquier momento aparecerían Jason, Freddy o el Jinete sin cabeza a perseguirnos.

Haber decidido hacer todo este recorrido en un día fue una locura. Fue mucho viaje para un solo día.

Al fin llegamos a Cachi y el pueblo nos encantó. Conserva el estilo colonial español con las casas de adobe pintadas de blanco y ventanas antiguas con rejas de hierro forjado. Parecía que todo tenia su lugar: cada farol, cada reja adornada y cada adoquín estaban ubicados en un lugar estratégico para cautivar a los visitantes.

yendo a cenar.
yendo a cenar.

Nos hospedamos en el hostel Inkañan y salimos a cenar. Comimos cazuela de cabrito, ya cuando nos los cruzábamos en la ruta los mirábamos con cariño.

Agotados, en especial Guille, nos fuimos a dormir. No llovió, como esperábamos, creímos que la tormenta nos iba a alcanzar, pero hasta el momento nosotros llevábamos la delantera.

Para no perder la costumbre, bien temprano a la mañana partíamos, y sabíamos que iba a ser otro día de ruta.

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