Travesía al Salar de Uyuni

La travesía al Salar de Uyuni fue una aventura de principio a fin. El objetivo de la excursión es recorrer el altiplano boliviano -Al sur del País en el departamento de Potosí- contemplando paisajes de una belleza única hasta llegar al salar mas alto (3650 msnm) y grande (10.582 km2) del mundo.

Salimos de San Pedro de Atacama en un bus que nos llevó primero a la aduana chilena, donde sellamos nuestra salida de Chile y luego comenzamos a ascender hasta la frontera con Bolivia -el paso fronterizo Hito cajón a 4400 msnm- en donde desayunamos y cambiamos a la 4×4 que sería nuestro transporte los próximos 3 días. En el bus eramos mas de 6 pero enseguida estábamos a pura charla con los que -sin saberlo aun- serían nuestros compañeros de 4×4: Michael (Chile), Iris(Países Bajos), Sergi y Marga (Cataluña).

La frontera. Hito Cajon.
La frontera. Hito Cajon.

La frontera está en el medio de la nada misma. Desprovistos de absolutamente todo. Estábamos en algún lugar que alguien había decidido llamar frontera. No había ningún tipo de protección que pudiera frenar el viento que nos estaba castigando. Sacar las manos de los bolsillos era casi mortal. El guía -Iván- protestaba por el viento y nos advirtió que nuestro primer día iba a ser más duro de lo que ya nos habían dicho desde la agencia.

La primera parte de la travesía es en la que mas frío y mas altura se experimenta. Con viento el frío sólo empeoraba y a esa altura las ráfagas tomaban una velocidad que en algunos casos hacían que fuera difícil mantenerse en el lugar. Ni hablar de sacar una foto.

Pero el frío y el viento no eran todo, la altura tampoco ayuda. En la agencia nos advirtieron sobre los efectos de la altura, ya que ese día llegaríamos a los 4850 msnm. Para los que vivimos a escasos 20 msnm casi todo el año no es un tema menor. El apunamiento o mal de montaña básicamente es la no adaptación del cuerpo a la altura y depende de la velocidad de acenso y la altura a la que se llegue. A partir de los 2400msnm uno ya puede empezar a sentir síntomas de apunamiento. Claramente teníamos que estar preparadas. Habíamos comprado caramelos de coca en una casa de artesanías en San Pedro de Atacama y procuramos tener siempre algo de agua con nosotras (los bidones de 5 litros iban en la parte de arriba de la 4×4).

Ya nos habían dicho -repetidas veces- que el primer día era el mas difícil y hostil: por la altura y por el frío, pero jamas creímos que viviríamos una experiencia tan extrema que, estoy convencida, sólo pudimos superar gracias a los excepcionales compañeros de viaje que nos tocaron.



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