Travesía al salar de Uyuni: Dia 3 – Llegar al Salar de Uyuni y transformarse en un paquete.

Nos levantamos con el cielo oscuro salpicado de estrellas y la luna burlona cual Gato de Cheshire. El objetivo era poder ver el amanecer dentro del Salar. Y como para no arruinar la poca fortuna turística que nos acompañaba, esa mañana no iba a ser la excepción: estaba algo nublado. No había chances de tener un amanecer limpio y de esos que se ve en los folletos.

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Tampoco había cambiado la situación térmica. Ya no sabíamos de que manera expresar lo difícil que era conservar la temperatura promedio de nuestros cuerpos. Decir “Tengo frío” tantas veces, tan seguido, hacía que su significado se disipara de la misma manera que el humito de nuestro aliento cuando terminábamos de decirlo.

Antes de partir Iván llenó dos botellas con agua caliente, que utilizamos para evitar que se empañe el vidrio de la 4×4 y otra que íbamos rotando para calentarnos las manos. Mientras me tocó abrazarme a la botella, sólo pensaba en dos cosas: en primer lugar en lo bien que nos habrían hecho tener una adentro de la cama para poder pasar la primera noche y segundo, en el desinterés que demostraron esa noche al negarnoslas. Aun hoy trato de encontrar una explicación a la negativa de calentarnos un poco de agua. Creerían que exagerábamos o -simplemente- están acostumbrados a vivir en situaciones tan extremas, que no se evalúa la posibilidad de que -con muy poco- se puede estar mejor? Desconozco si ellos pasaron el mismo frio que nosotros, me gusta pensar que no. Decidí asumir -por que creo que es lo mas lógico- que la capacidad de calentar agua está muy limitada y que sólo cuentan con lo necesario para hacer la comida y poder calentar las habitaciones de quienes viven en el refugio, como nosotros solo pasábamos una noche la política seria: “a aguantarse, uds están de paso”.

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Mi compañero inseparable.

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Amè el amanecer en el salar. Fue Infinitamente mas lindo que en cualquier folleto.
Amè el amanecer en el salar. Fue Infinitamente mas lindo que en cualquier folleto.

Desayunamos detrás de la Isla Incahuasi (en quechua: casa del inca). Aun me río de como me decepcione y sorprendí – casi al mismo tiempo- al contemplar esa magnifica roca llena de cactus gigantes rodeada de blanco sal gruesa cuando yo esperaba encontrarme con una laguna y en medio la isla… vaya uno a saber de donde saqué esa idea!. Obviamente, amé la isla -supongo que por la contradicción que me generó- y de tener que armar un top ten de paisajes fotografiados, sin duda estaría en el ranking.

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Panorámica sacada dentro de la Isla

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Fue en La isla que nuestro guía nos avisa -especialmente a los chicos que no volvían a San Pedro- que debido a una protesta en Uyuni, no estaban saliendo micros del pueblo y que podrían quedar varados allí. Les ofreció -por una módica suma- cambiarse de 4×4 en dirección a Oruro (otra localidad). A ninguno le gustó nada. En San Pedro ya habíamos escuchado sobre los conflictos en Uyuni, pero como nosotras volvíamos no nos afectaba. Me pareció muy oportunista que durante todo el trayecto -hasta el ultimo instante- se minimizara el tema de la protesta de Uyuni y que casi con una mano adelante y otra atrás, les dieran a elegir como seguir -dinero mediante-. Una vez mas observaba la impunidad de los organizadores de las excursiones de querer sacar ventaja a costa de lo que sea; no voy a generalizar, esto no pasa siempre ni en todas las excursiónes que se contraten, simplemente que hasta el momento en todos los viajes que he realizado (mi país incluido) en algún momento uno es victima u observador de situaciones de este estilo entre las agencias y los turistas.

Los valientes Europeos decidieron seguir el viaje con nosotros y arriesgarse, confiando que encontrarían la manera de salir de Uyuni. Arreglado el asunto, nos fuimos a un lugar apartado dentro del salar para que pudiéramos sacarnos las típicas fotos en perspectivas.

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Les dije que Noe es superpoderosa…

 

Uyuni estrella
Cargando baterías: Uyuni es la mayor reserva de litio en el mundo -ni mas ni menos- con el 80% del litio mundial.

Almorzamos en Colchani, localidad que se encuentra a unos 20 Km del Salar y que es una de sus entradas (si uno hace la excursión desde Bolivia hace el recorrido al revés que nosotros). Colchani es un pueblo muy humilde que vive de la sal, pero que late al ritmo de los turistas que pululan alrededor de los tablones abarrotados de artesanías y productos regionales. Estaba convencida de que íbamos a ver el museo de sal y con suerte como hacían los ladrillos de sal, pero eso nunca ocurrió. Me sentí tentada de comprar alguna artesanía, pero las quería todas. Termine por quedarme con ninguna.

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La visita al cementerio de trenes me dejó pensativa. No sólo por los vestigios de locomotoras de finales del siglo XIX, sino por los pequeños basurales que se podían ver muy cerca. En ese contexto de total desolación, sentí que no se le estaba haciendo justicia a los restos de lo que alguna vez fue orgullo Boliviano. Ese cementerio parecía estar allí para ser olvidado y sin embargo la maquina turística consiguió convertirlo en atractivo para curiosos.

Cuando llegamos a Uyuni el aislamiento del pueblo no pasó desapercibido, Micke, Noe y yo volvíamos a San Pedro; Iris, Sergi y Marga seguían a Potosí. Nos despedimos con muchos abrazos y besos y por suerte pudieron encontrar como salir del pueblo y seguir su viaje sin demoras. Noe se fue a buscar un Cyber y Con Mike nos quedamos dando vueltas por el pueblo. El ambiente no estaba tranquilo, se respiraba protesta y malestar social. Con Mike notamos que eramos muy observados: parecíamos ser los únicos turistas que llegaban al pueblo cuando todos los demás sólo buscaban alternativas para salir de él. Teníamos que hacer tiempo hasta las 16 que fue el horario acordado con la Sra de la agencia para comenzar el camino de regreso.

Las calles de Uyuni estaban abarrotadas de bolsas de basura rotas, los locales estaban cerrados, casi no circulaban vehículos, se escuchaban estallidos a lo lejos y no podíamos encontrar en que cyber se había metido Noe. Pésima idea separarnos de esa manera.

A las 15, ya no teníamos a donde ir, habíamos dado varias vueltas y decidimos esperar frente a la agencia a que Noe vuelva. Cuando vemos que aparece una 4×4 y la Sra de la agencia a los apurones nos pide que saquemos las cosas de su oficina, que nos teníamos que ir cuanto antes y preguntaba por Noe “¿¡Donde está la otra!?”. Me mantuve tranquila, aunque por dentro estaba en crisis. Agradecí a todos los dioses conocidos que Mike estuviera conmigo. Tratamos de explicarle que el horario acordado eran las 16, que aun faltaba tiempo y que cuando volviera Noe nos iríamos. Pero ella insistía a los gritos que debíamos partir. Nuestro guía y otro chico salieron a buscar a Noe por el Pueblo. Con Mike nos mirábamos; no entendíamos nada: ¿por qué, de pronto, el apuro por salir del pueblo?. Por suerte encontraron a Noe en el tiempo que sacamos las cosas de la oficina. Antes de partir apareció un señor bien barrigón que se presento; nos aseguró que íbamos a tener cena, lugar donde dormir y nos pidió que lo saludáramos al Sr de la agencia en San Pedro. Todo ocurrió rapidísimo, parecía que estábamos escapando, nuestro chofer era como “El trasportador”, nuestro Statham boliviano, cuyo misión era dejarnos en la frontera. Pasaríamos la noche en Villa Mar y antes del amanecer el tramo final hasta la frontera. Realmente me sentí un paquete.

El viaje venia lo mas bien. La ruta de tierra sin ningún tipo de señales ni iluminación estaba tomando aspecto de set de filmación de película de terror, cuando “Statham”, sin mediar palabra, detiene el auto, abre la puerta y se queda observando el camino andado. Una vez mas agradecí la presencia de Mike. ¿Qué estaba pasando?. No pude contenerme y le pregunte. Muy parco me contestó que no veía a su compañero desde hacía rato. En ese momento descubrimos que habíamos sido dos autos los que salieron de Uyuni, el otro estaba vacío. Después de un rato de esperar en medio de la nada, “El trasportador” decidió que debíamos dar marcha atrás. Recordando el momento me doy cuenta de la paranoia que sentí, hoy podemos reírnos, pero en ese momento no omitimos ruido alguno. Después de un buen rato encontramos al otro chofer, que había pinchado una rueda. Qué terror!!!

En Villa Mar, el frío era similar al del hostal del Sal pero después de una buena cena y mucha sobremesa, nos fuimos a dormir por que a las 5 de la mañana teníamos que partir a la frontera.

El viaje fue muy agradable. El altiplano tiene una belleza muy singular y ver el amanecer con el camino lleno de bruma y la combinación de colores del desierto lo convierte en un viaje mágico donde lo único posible es la contemplación.

Una vez en la frontera se tomaron su tiempo en venir a buscarnos, pero como trajeron desayuno se los perdonamos. En ese rato pudimos contemplar al monstruo turístico en acción: Las 4×4 bolivianas que no pasaban la frontera se preparaban para recibir a los turistas que guiarían durante 3 días. Entendí los lamentos de la Sra de la agencia en Uyuni: “los choferes sufren mucho” por eso el apuron para irnos? Sus choferes no querían traernos por que estaban todos cansados -y los entiendo, la idea de pasar ese frio todos los dias no era saludable-, y como otro operador tenia que volver a la frontera entonces nos metieron en esa 4×4. También nos percatamos de que la agencia en San Pedro no es exactamente la que se encarga de hacer el tour por Uyuni, esta se comunica con una o mas operadoras en Bolivia -a ver donde tienen lugar para n pasajeros- y la operadora boliviana es la que finalmente se encargará del recorrido. Entendí, entonces, como funcionó la distribución de pasajeros cuando comenzamos la travesía. Nunca supe el nombre de la operadora Boliviana que me tocó, pero si estamos seguros que no son los mismos que nos trasladaron cual paquete a la frontera.

Dentro de la 4×4 me emocionó pensar que pronto dejaría de sentir ese frio incesante y exagerado que pasamos durante 3 días y una mañana.

Fue impactante salir de Bolivia y entrar en Chile. Tan cerca pero tan diferentes. A alguien se le ocurrió que allí había que poner una frontera y fue suficiente para crear dos mundos parecidos en su aspecto pero profundamente distintos. Algo -en principio- tan trivial como la temperatura, me llevó a pensar en los extremos, en el mas amplio de los sentidos. Bolivia parecía que había estado rechazándonos con sus temperaturas extremas pero nos seducía con sus comidas -¡qué sopas!- y sus paisajes de altiplano únicos en el mundo y Chile nos recibía con unos hermosos 22º y la modernidad del asfalto.

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De estos tres días me quedo con los increíbles compañeros de viaje que me tocaron y re-confirmo que no importa cuan hermoso, maravilloso o fantástico sea el lugar que estemos visitando lo importante es con quién y cómo lo estamos compartiendo. A Noe la conocí viajando y compartir viajes con ella sigue siendo un placer -imposible aburrirse-. Mike, Marga, Sergi e Iris fueron fundamentales para que esta travesía llena de altos y bajos sea inolvidable. No es la primera vez que tengo la suerte de formar parte de un grupo viajero casual, y tampoco es la primera vez que cuando el grupo se separa después de haber compartido tan intensamente todo, queda una especie de vació difícil de explicar. Faltan palabras, faltan miradas, faltan risas que sólo se pueden llenar con el recuerdo de los momentos vividos. De Marga y de Sergie me quedo con su ejemplo, sus ganas de hacer, de ir y venir. De Iris y de Mike con su frescura, sus sonrisas constantes y sus miradas inquietas, curiosas. De Noe me quedo con su serenidad que me resulta incomprensible pero admirable. A los cinco un abrazo inmenso y gracias por todo.



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